jueves, 20 de diciembre de 2007

Memorias de Idhún

He leído bastantes libros en mi vida, bastantes historias, que, con más o menos acierto, han sabido dejar en mi pequeñas semillas, que puedes ir dejando por la vida.
Personalmente, me gusta leer libros que me transporte a mundos lejos de este en el que vivo, no porque lo odie (eso será otro día), sino porque para leer sobre la vida real, me quedo donde estoy y me veo el telediario con mi cena prefabricada y medio fría.
Me gusta y adoro volar sin límites, con amigos increíbles que jamás podré encontrar aquí donde vivo, por lo menos sobrio.
Llegó a mi manos, gracias a uno de mis más apreciados compañeros de viaje, un libro que resultó ser un trilogía. Antes de nada debo decir que me queda por leer la última parte, pero no por ello, aunque terminara ahora mismo, dejaría de ser menos bueno.
La reconquista de lo que uno quiere, la batalla más sangrienta por el amor, la batalla más sangrienta por un odio irracional, que jamás desaparecerá. Personajes de fantasía que saben como llevarte con ellos, tríos amorosos y de familia. Desde la primera página te engancha y quieres saber más palabra a palabra. Sientes amor puro casi lacrimoso, y un odio que nunca habías experimentado.
Si os gusta los mundos de fantasía y las historias que llegan al corazón, os recomiendo encarecidamente este libro.
Y para más INRI, la autora, que es española, tiene mi misma edad. Que envidia más insana.

Lo que no sale

Que agradable es sentir en nuestra cabeza una púa de guitarra rasgando las cuerdas, haciendo vibrar el aire en pura armonía, haciendo salir todo lo que llevamos dentro hasta la punta de nuestra lengua, nunca más allá, porque hay cosas que jamás deben salir de nuestro interior en forma de palabras, existen sentimientos, la mayoría de ellos, que al intentar expresarlos pierden la dulzura y el terrible dolor que nos hacen sentir, cuando, estando solos en casa, nos paramos a mirar como el agua se queda pegada en el cristal de nuestra ventana, mientras intenta encontrar la forma de no resbalar y acabar con una vida efimera, importante para nadie.
Que agradable es pensar y recordar cuando eramos pequeños, cuando las guerras solo nos recordaban a peliculas donde el bueno "liquidaba" a los malos con una coletilla graciosa al final de cada frase. Que bien nos hacía sentir pedir el bocata por la terraza mientras no parabamos de dar patadas a una pelota, con la única preocupación de no saber explicar mañana porque no hemos hecho los ejercicios de lengua en clase. No había maldad a nuestro alrededor, no hacíamos caso a nuestra cabeza, solo necesitabamos hacer cosas sin sentido, sin trascendencia, por lo menos ese mismo día, porque luego, sin darte cuenta, ves que no hubieras podido vivir sin ellas.
Intentar explicar como nos hacía sentir todas estas cosas solo serviría para perder mucha de esa sustancia que nos hace vivir cada día, esas ganas de vivir y ser personas importantes de antaño y ese instinto de supervivencia de hoy en día.
Que agradable es compartir la alegría, ya que la multiplicas por el número de personas con el que la compartes, y que difícil es compartir la tristeza, cara a cara, sabiendo que la divides por el número de personas con el que la compartes. Pero es difícil, si no imposible, intentar trasmitir un mal sentimiento mediante palabras.
Un amigo mío, de los que yo llamo "de corazón" me dijo hace un par de días que es estupendo disfrutar de un viaje con amigos o con tu pareja, pero cuando lo disfrutas de verdad es cuando lo recuerdas, mediante palabras o fotos, con las personas con quien lo compartiste después de muchos meses, y más tarde durante toda la vida. Y cuanta razón tiene, ya que el ser humano, si es que a veces podemos catalogarle de "humano", es un ser hecho de recuerdos. Todo en la vida se hace para ser recordado, de todo se aprende, de lo bueno y de lo malo, y el "carpe diem" que todos conocemos no vale para sentir que vivimos la vida día a día, sino para saber que alguna vez lo hicimos, cuando no habia miedo.
En fín, una divagación tras otra, llegará el día que recuerde cuando escribí todos estos artículos e intenté compartir, con más o menos acierto, mis sentimientos con todo aquel o aquella que estuviera dispuesto a recibirlos.
Porque el que lea esto puede pensar que estoy hecho de malos sentimientos, y nada más lejos de la realidad, solo intento decir por palabras lo que el resto no sale por mi boca, ya que, aunque es bonita la tristeza, no se vive de ella, si no de la alegría de pensar que es bonito estar triste.

martes, 18 de diciembre de 2007

The Shins - Gone for Good

A veces nos toca ser los malos a nosotros, y producir el dolor en otras personas. Pero hay tantas formas de hacerlo, tantas maneras de llorar y hacer llorar, que a veces, la mejor es decir la verdad más miserable a la cara de forma suave y muy despacio. El castigo más increible con el látigo más delicado. Aunque las lágrimas siempre son saladas y las marchas amargas, parece que la vida debe seguir, o al menos eso nos enseñan desde pequeños, porque dicen que uno se puede sobreponer al amor, por muy triste que resulte creer que es cierto.